¿DE DONDE VIENEN LOS SENTIMIENTOS DE CULPA?

La mayoría de nosotros en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido culpables.

¿Por qué aparece la culpa?

La razón principal por la que la culpabilidad se instala en nosotros se reduce a menudo a los condicionamientos simples que recibimos de pequeños.

Por lo general se nos enseña a buscar la aprobación de nuestros padres. Cuando hacemos algo “bueno” nuestros padres nos premian con alabanzas y recibimos su aceptación, cuando hacemos algo “malo” esta alabanza desaparece y se reemplaza por desaprobación.

Dado que prácticamente todos los niños desean fuertemente recibir amor y aceptación por parte de sus padres, la necesidad de aprobación de los padres es algo que los niños se esforzarán por conseguir de manera constante.

El resultado es que con el tiempo nos condicionamos fuertemente a buscar la aprobación de los demás por las cosas que decimos y hacemos. Esto nos lleva a la falsa convicción de que tenemos que hacer y decir lo que los demás esperan de nosotros a fin de recibir su aprobación, lo que llamamos aprobación externa.

Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.

Superar con éxito la culpa, por lo tanto, comienza por defender tus creencias, deseos y necesidades, sin ser influenciado por lo que piensan, desean o necesitan los demás. De otro modo siempre serás vulnerable a la culpa impuesta externamente por las convenciones o las personas que te rodean.

A lo largo de los años son muchos los estudios que han extraído conclusiones relevantes sobre la culpabilidad, su desarrollo como emoción básica en el ser humano y las consecuencias de ésta sobre la conducta:

La aparición del sentimiento de culpa se vincula al desarrollo de la conciencia moral de la persona.

La mayor o menor intensidad de la respuesta emocional de culpa depende de las diferencias individuales y de las pautas educativas.

Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.

Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos. Ninguna de las 2 opciones anteriores son herramientas útiles.