PENSAMIENTO POSITIVO

Leyendo a Elsa Punset, autora de “El libro de las pequeñas revoluciones”, 2016, edit. Ediciones Destinos, me surge un tema interesante de compartir: Pensamiento Positivo.

En este libro la autora muestra 250 prácticas cotidianas para reprogramar el cerebro a pensar en positivo; hay 2 de ellas que llamaron poderosamente mi atención porque inician en la niñez, o con la niñez.  Básicamente de lo que trata una de ellas es de abrir los cauces de comunicación. Las personas tenemos a veces una verdadera dificultad a la hora de hablar de los problemas y los mantenemos adentro hasta que reventamos, generalmente cuando dejamos que la situación se enquiste. Abriendo los espacios de comunicación lo que tratamos de hacer es acostumbrar a los niños desde que son pequeños a contar las cosas que les preocupan, para buscar soluciones en grupo. No se trata de que comuniquen solamente las experiencias malas.  La cosa buena es una celebración: siempre hay que celebrar y es algo que a las familias se nos olvida.

Creo que es muy importante entender que, al final, en cuestiones de gestión emocional, podemos mejorar las cosas, cambiarlas.

La otra practica se llama “bote de la felicidad”, esta es una iniciativa que consiste en tener en casa un gran bote, transparente, en el que cada noche todos los miembros de la familia metan una nota con lo bueno que les ha pasado a lo largo del día: que el repartidor de pizza ha sido particularmente amable, un abrazo con un amigo o con tu hijo, un rato en un jardín, un masaje, una llamada… cada uno tiene sus alegrías.

Hay que escribir todos esos momentitos que habitualmente dejamos pasar, ya que el tiempo que tardamos en escribirlo permite al cerebro fijarlo; porque lo normal es que cada noche tu cerebro vaya a recordar lo malo, las decepciones del día, o una mirada desagradable de alguien, y no nos damos cuenta pero los metemos en el bote de la mente…

Si entrenas a tus hijos desde pequeños a pensar en positivo, tienen algo muy importante que agradecerte. Es acostumbrarlos, al igual que lavarse los dientes, a hacer del pensamiento positivo una rutina.